lunes, 28 de marzo de 2011

Esa mañana de Marzo

    Esa mañana de Marzo, era de lo más normal.
La típica brisa primaveral movía el largo pelo de Sora. A su lado, se encontraba su eterno compañero de viaje, Daiane.
Daiane era un precioso lobo negro con ojos azul neón. En la noche resaltaban sus ojos y su pelaje se camuflaba.
Sora era una chica de pelo castaño y ojos verdes, que resaltaban sobre su cara. Lo que más llamaba la atención de Sora era su preciosa sonrisa.
Se encontraban en una preciosa llanura, donde había un acantilado.
     -Este acantilado me encanta -decía Sora mientras contemplaba el ocaso.
El cielo estaba teñido en naranja y unas nubes rosas le daban un toque de tranquilidad al ambiente.
La brisa, en cierto modo, parecía normal. Pero no lo era, al fin y al cabo.
A Daiane no le gustaba para nada el olor que traía la brisa. Le hacía recordar sobre su pasado.
     -Sora, mejor será que nos vayamos.
     -¿Y eso? Si hace una brisa estupenda.
     -Hazme caso...¡Rápido! ¡Sube a ese monte!
En ese instante, una franja naranja empezó a moverse hacia delante. Parecían las ondas
de un terremoto provocadas por un animal inmenso. Menos mal que Sora subió a tiempo y Daiane también.
Aquella onda le sorprendió bastante a Daiane. No recordaba haber visto nada igual
hace años. La pobre Sora no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo.
     -¿Qué ha sido eso? No entiendo nada de esto…
     -No te preocupes Sora, no hay nada que entender. Sube a mi lomo y te llevaré a una cueva. Allí pasaremos la noche.
Con esas palabras, Sora subió encima de Daiane y emprendieron camino. En poco tiempo  llegaron a la cueva.
Era la típica cueva con murciélagos y llena de estalactitas y estalagmitas.
Tal vez un poco fría, pero al menos tenían cobijo.
Daiane se acurrucó en el suelo, y Sora se colocó a su lado. Luego Daiane tapó a Sora con su larga y peluda cola negra.
Al poco tiempo, un ruido estremecedor hizo que Daiane se sobresaltase, despertando así a Sora.
     -Voy a echar un vistazo, tú quédate aquí.
Al salir de la cueva, Daiane se quedó estupefacto. Fue como si se parase el tiempo.
Aquello era algo sorprendente. Un fenómeno sin igual que le trajo recuerdos de hace antaño.
Trataba de unos insectos que disfrutaron su larga vida y ya era el momento de irse. Explotaban formando así intensas llamaradas de fuego verde.
A Daiane le pareció maravilloso recordar cosas sobre su pasado, pero volvió a la normalidad al darse cuenta de la gravedad de aquel fenómeno.
     -Sora vamos, debemos de irnos de aquí.
     -¿Siempre nos tenemos que ir?
     -Es mejor que no utilices la palabra siempre...Ahora sube a mi lomo y vayámonos al pueblo más cercano que haya. Tú si quieres puedes dormir.
Al cabo de tres horas, unos rayos de sol sobresalían de aquellas densas nubes. Conforme pasó el tiempo, el sol salió y llenó de vida el camino.
Al fin llegaron al pueblo más cercano. Pero aquello parecía un pueblo fantasma.
     -¿Hola? ¿Hay alguien…?
La voz de Sora retumbaba en las blancas paredes de las casas. No había nadie por allí.
   Como a Sora no le iba el dicho de “La curiosidad mató al gato”, no dudó en abrir la puerta de la casa más cercana a ella, Y entonces...
     -¡Ah!
Daiane escuchó el grito de terror de Sora y acudió de inmediato.
    -¿Qué ocurre?
    -Mi-mira -decía mientras señalaba una extraña escultura de mármol.
Parecía haberla esculpido alguien perverso, con planes maquiavélicos y pensamientos malvados. Tenía un rostro un tanto inquietante y aterrador.
     -Esto no puede ser…Tenemos que ir a la montaña, ya mismo -decía Daiane mientras en su cabeza encajaban todos los sucesos. En cambio, Sora no entendía nada. Estaba perdida en un laberinto sin salida.
     -Vamos Sora -acompañó a Sora al exterior de la casa- ¿Ves esa montaña?
     -Sí
     -Pues debemos ir allí. Solo tenemos que pasar por tres puentes colgantes y en un santiamén llegamos. Sube a mi lomo.
     -No Daiane, prefiero ir andando. Si no, sería mucha carga para ti.
Daiane afirmó con la cabeza y se dirigió hacia la montaña. Sora le seguía muy de cerca.
A simple vista, parecía muy fácil llegar, pero les costó lo suyo. Los puentes se tambaleaban mucho y los caminos eran empinados y vertiginosos.
Ya en la cima, a Sora le sorprendió mucho que les hubiera costado tanto llegar hasta allí para encontrarse con una lisa pared.
     -Daiane,¿Porqué hemos subido tanto para llegar a este rellano con una pared lisa?
     -Sora, presta atención a esto. Lo que voy a hacer esta prohibido, pero tu eres una excepción. Todo lo que veas, oigas y recuerdes, jamás lo reveles.
     -No te preocupes -le dio un abrazo- Yo nunca revelo nada.
     -De acuerdo.
Daiane se relajó y empezó a concentrarse. Luego dijo unos versos extraños en otra lengua, y de la pared, apareció una puerta.
La puerta era de un material que no existía en la Tierra. Las gemas tampoco
Tenía unos símbolos en los laterales de la puerta y en la parte superior. Antes de entrar a la puerta, también había unos símbolos en el suelo.
     -Vamos no hay mucho tiempo. No sabemos que podría pasar si no entramos.
Sora entró, pero aún sin resolver su duda. No sabía a donde iba. No sabía porque iba. Y no sabía porque tenía que ir. Pero ella supuso que Daiane se lo explicaría mas adelante.
 Al entrar, no se veía nada con tanta claridad. Más tarde su pupila se hizo a la claridad y pudo contemplar su entorno.
 Aquello parecía la selva Amazónica con tantas plantas y árboles. Era tan bonito y tan natural. Comprendió porque no debía de contarlo. Los humanos irían como locos a talar árboles y a aprovecharse de todo lo que encontrasen.
Las plantas se parecían a las de la Tierra. Algunas tenían decoraciones en espiral, y otras como forma. Eso explicaba porqué los animales también las tenían a modo de camuflaje.
Daiane le fue diciendo a Sora los nombres de dichas plantas y animales. A Sora le extrañaba que Daiane supiese tanto sobre aquel lugar.
     -Y por último, esto es Tarisa. Es un planeta de otra galaxia, cercana a la Tierra. Y
gracias al Gran Mago Sabio, se creó la Puerta Temporal. Esa puerta comunica los dos planetas. Se creó para que pudiéramos ayudarnos mutuamente. Pero claro, las mentes perversas lo utilizaban para robar. Así que el Gran Mago Sabio cerró por toda la eternidad la Puerta Temporal. Solo dejó a sus más fieles ayudantes al cargo de poder abrirla.
     -Entonces, ¿Tú eras su ayudante?
     -Si, era. Hasta que el tiempo se l acabó al Gran Mago. Ya había vivido mucho, enseñado mucho y aprendido mucho. A él no le preocupaba morir. Sabía que había hecho bien y vivido muchos milenios, así que me dejó a mí y a sus ayudantes al cargo.
     -¿Porqué no seguiste aquí?
     -No pude. Mis compañeros y ayudantes del Gran Mago me desterraron.
     -¿Y eso?
     -Yo era el preferido del Gran Mago, y mis compañeros me tenían envidia, así que me desterraron a la Tierra y me convirtieron en lo que soy ahora.
     -Eso implica…que tú no eras un lobo. ¿Entonces qué eres?
     -Bueno haber, si soy un lobo, pero los de la Tierra no son iguales que los de Tarisa. Será mejor que paremos. Unos varasa vendrán hacia aquí.
Los varasa son unos animales típicos de Tarisa que tienen aspecto de cebra y caballo.
La gente de Tarisa los utiliza como medio de transporte. Es como en la Tierra los caballos.
Daiane soltó un aullido y tan rápido como un rayo aparecieron los varasa.
     -Venga, subámonos. El tiempo es oro.
Se subieron en ellos y emprendieron el camino. Les llevaron a una explanada donde se encontraban otros animales un tanto extraños; los deendi.
     -Hay que bajarse ya. Los deendi nos llevarán al Atrio de Cielos.
     -Supongo que de camino me explicarás todos esos fenómenos que ocurrieron en la llanura.
     -Por supuesto.
Los deendi cogieron a Sora y Daiane y les subieron a sus espaldas. Fueron ascendiendo poco a poco.
Daiane le explicó los tres fenómenos: las ondas naranjas, los insectos y la mujer en mármol.
Todo aquello ocurría normalmente aquí.
Las ondas naranjas eran producidas por Dracos de las Tierras.
Los insectos eran típicos de Tarisa.
Y la mujer en mármol era el efecto que producía las ondas naranjas.
     -¿Porqué estaban allí, si son de aquí?
     -Seguramente el núcleo de Tarisa a debido de desequilibrarse un poco y ocurre eso. Aquí también han ocurrido cosas extrañas. No es normal ver vacas por Tarisa o tornados.
Llegaron al Atrio de los Cielos. Era un lugar tan precioso. Con columnas, rodeaba un bloque sin cubrir y le daba un toque un tanto griego. También había una puerta como por la que entraron.
     -Voy a abrir esta puerta.
     -Pero antes explícame una cosa. ¿Qué son esos símbolos?
     -Son letras del Tarisiano. Indican los tres puntos cardinales. Los del suelo indican a que se refiere la puerta. Esta tiene los símbolos de los Dracos Beta y Alfa. La otra tenía las de las criaturas marinas de Tarisa. Ahora que ya esta todo explicado, voy a proceder.
Empezó a decir unos versos distintos a los de la puerta anterior. Consiguió abrir la puerta.
Entraron en una sala blanca. En el centro se encontraba una criatura de grandes dimensiones.
     -¿Quién osa despertarme de mi letargo?
     -Yo, soy el lobo Daiane, ex ayudante del Gran Mago Sabio.
     -Hum..Deja que examine tu aura... Es cierto. Y tu acompañante ¿quién es?
     -Soy Sora, la acompañante de Daiane.
     -¿Una humana? Sabes, Daiane el Lobo, que as incumplido la más sagrada regla del Gran Mago Sabio.
     -Pero el lo hizo con buena intención. Si lo hubiese sabido, no cruzaría la puerta. Pero le juro que no voy a desvelar nada. Se lo ruego, no le haga daño a mi amigo.
     -Humm…Examinaré la tuya también.
 Sora levito durante unos instantes, mientras que aquella criatura inspeccionaba su aura.
     -Es increíble…
     -¿Qué ocurre? -dijo Sora algo preocupada por la cara de la criatura.
     -Yo lo sabia, Dragón Eterno. Ella me rescató del hambre y del cansancio y me curó-dijo Daiane.
     - Eres la Elegida por Daiane.
 Sora se puso muy contenta y le dio un abrazo a Daiane.
     -Y ¿por qué habéis venido?
     -Están pasado cosas extrañas en ambos planetas. Pensé que el núcleo de Tarisa estaba desequilibrado.
     -Tus palabras son muy ciertas, Daiane. El núcleo de esta desequilibrando y necesita una fuente de energía para seguir funcionando -Daiane bajó la cabeza y asumió el problema -Un alma.
     -Voy a sacrificar la mía.
     -¡No Daiane! No lo hagas. Eres Daiane el Lobo, ex ayudante del Gran Mago Sabio. No puedes sacrificarte por eso. Yo lo haré. No soy tan importante como tú.
Entonces el Dragón Eterno se apartó y dejó al descubierto el núcleo de Tarisa.
     -Sora..¡Nooo!
Sora se aproximó al núcleo, y, mientras subía hacia él, miro hacia atrás y se despidió.
Una lágrima recorrió su cara.
Daiane corrió hacia ella para impedir que su alama se la llevase el núcleo, pero ya subiendo las escaleras, Sora llegó.
Una gran explosión tiró a Daiane de las escaleras. Muy triste, se puso a llorar.
     -Por qué..¡Por qué!
De repente, una esfera de luz salió del núcleo. En ella estaba Sora. La esfera dejó a Sora en el suelo.
     -Sora... ¡Sora!
 Daiane corrió hacia donde la esfera dejó a Sora.
     -Donde... ¿dónde estoy?
     -Hay menos mal que estas bien.
     -Daiane... ¿qué ha ocurrido?
     -Sacrificaste tu alma, pero el núcleo te devolvió.
     -Ha ocurrido porque el acto de valentía de Sora, fue una energía tan potente, que no necesitó vuestra alma -dijo el Dragón Eterno.
     -¿Y ya podremos disfrutar de los días sin fenómenos anormales?
     -Por supuesto, Elegida. Y cuando queráis podéis volver.
     -Hay muchas gracias -Sora corrió hacia el Dragón Eterno y le abrazó. Él no supo como reaccionar, pero aceptó y le devolvió el abrazo.
     -Podrías…¿Llevarnos abajo?
     -Sus palabras son órdenes Elegida. Subid.
Subieron en el escamoso lomo del Dragón Eterno. Les llevó a la Puerta Temporal.
     -Espero que volváis pronto. Aquí siempre seréis bien recibidos.
Daiane abrió la puerta y nos despedimos del Dragón Eterno.

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