Daiane era un lobo que nació en la región de Tarisa. Era muy especial, ya que era descendiente de un lobo importante que tenía unos poderes extraordinarios. Su historia empieza así...
La joven Shasha, de pelaje plata y ojos verdes, iba a dar a luz. Aquello era considerado un milagro, dadas las circunstancias.
Terens, de pelo marrón y ojos naranjas, era el que en momentos, sería el padre.
Shasha dió a luz a cuatro hermosos lobitos. Todos con las características de sus padres y familiares.
Fabele era un cachorro blanco y de ojos marrones. Tenía una mancha marrón en el lomo.
Desana era una cachorra marrón y de ojos grises. Una mancha en blanco resaltaba en su hocico.
Tarasa una cachorra crema y ojos verdes. En una pata tenía una espiral en marrón.
Y por cuarto y último, Daiane. Un cachorro negro, de ojos azul neón.
Shasha quería a todos sus hijos por igual. Pero Terens no estaba de acuerdo con Daiane. Siempre era el que llegaba tarde, cazaba mal...
-Daiane ya te he dicho que si no corres más rápido no alcanzarás nunca a tu presa.
-Lo siento padre, la próxima vez lo haré mejor.
-Hijo tu siempre dices lo mismo, y al final nunca lo consigues.
Daiane se fue triste, al ver que su potencial no era el suficiente para cazar.
A sus hermanos se les daban mejor la caza. Fabele y Desana eran los más competitivos. Siempre querían ser los primeros. En cambio, Tarasa y Daiane no se les daba tan bien.
-Daiane no te preocupes, yo siempre estoy aquí contigo -dijo Tarasa mientras se acercaba a Daiane.- No es para tanto.
-Ya, eso lo dices tú que sabes. Pero a mí se me da mal todo. La pesca, la caza...
-Tú y yo siempre unidos, ¿vale hermanito?
-De acuerdo.
Desana venía de camino hacia su hermano, y traía en la boca un pez inmenso.
-Hey, mirad lo que he pescado. ¿A que soy la mejor?
-Bah, mi pescado es más grande -dijo Fabele.
-Si pero yo lo pesqué en menos que canta un gallo.
-¿Y? Eso es lo de menos. Se lo voy a enseñar a papá, verás que yo soy el mejor.
-Eso será si llegas antes.
Fue decirlo y Desana echó a correr. Fabele le perseguía.
-Ves...Ellos pescan muy bien.
-Bueno no importa Daiane, yo tampoco pesco gran cosa -dijo, y le enseñó un pequeño pececillo.
-Da lo mismo..Yo no pesco ni eso.
-Yo sé que tú eres especial. Lo noto en ti.
-Ay gracias hermanita -le dijo mientras le abrazaba- Ya es tarde, volvamos con mamá y papá.
Mientras iban de camino, antes de llegar, escucharon a su padre decir:
-Shasha, Daiane es un desastre. No sabe pescar, no sabe cazar...¡Qué vamos a hacer con él!
-Terens no le podemos abandonar. Es nuestro hijo también.
-Cuando llegue a la madurez, le echaremos.
Shasha bajó la cabeza, pero luego asintió.
A Daiane le afectó mucho, y decidió irse en ese momento. Tarasa se escapó junto a él.
Recorrieron valles, praderas y llanuras, hasta que encontraron una cueva.
-Aquí pasaremos la noche hermanita. Por la mañana buscaremos alimento.
Al día siguiente, un rayo de sol entró por la cueva y la llenó de luz, despertando así a Daiane y Tarasa.
-Vamos, despierta hermanita. Debemos de ir a por alimento.
Se fueron al río mas cercano a la cueva, e intentaron cazar.
***
Allí vivieron hasta la madurez. Un lobo era adulto en cuanto cumplía los siete años. Daiane y Tarasa ya los cumplieron.
Ya olvidados sus padres y hermanos, Daiane y Tarasa habían aprendido mucho. Ahora los dos cazaban y pescaban como nadie.
-¿Ves aquella piedra que está aplastando al pez?
-Si hermanito. ¿Qué ocurre con la piedra?
-Presta atención.
Daiane se concentró y con esfuerzo, movió la piedra y el pez se liberó. Pero la vida del pez estaba apunto de acabarse.
-¡Te pillé! Lo has visto todo, ¿no?
-Si hermanito...es impresionante.¿Cómo lo haces?
-No sé. La verdad, cuando era cachorro ya me sentía distinto.
-Eso le hubiese gustado mucho a papá, ¿no crees?
Se hizo el silencio. Una brisa movió el pelaje de ambos.
-Sí...Deberíamos de encontrarles. Así le demostraríamos de lo que valemos.
-Buena idea, pero..¿Recuerdas como llegar a casa?
-Em..Sí, sí. Lo acabo de recordar.
Recorrieron el mismo camino hasta llegar a su casa. Se encontraron con sus padres y sus hermanos.
-¡Padre, Madre!-gritaron al unisono.
Shasha y Terens se dieron la vuelta. Su rostro no había cambiado nada, absolutamente nada.
-¡Hijos! ¿Dónde estábais?
-Me escapé...
-¿Y eso?
-Padre, yo te escuché hablar mal de mí...y me sentí mal así que decidí irme.
-Estáis ya muy mayores...Tarasa, ¿por qué te fuistes con Daiane?
-Me daba pena que se fuera solo...Además, a él nadie le quería cuando era un cachorro.
-Sí padre. Además, aprendí mucho junto a Tarasa. Ahora ya somos unos verdaderos lobos.
-Hijo me alegro mucho...
-Yo no tanto padre. Escuché la noche antes de irme lo que le dijiste a madre sobre mí... Solo vine a ver a madre.
Fue decir esas palabras y se marchó. Tarasa le siguió por detrás.
Justo unos minutos después, Fabele y Desana les encontraron.
-¡Hey hermanos! Cuanto tiempo sin veros.
-Pues sí. Mirad -les enseñó una bolsa llena de peces- ¿Veis todos los peces que cogimos?
-Sí. No es por presumir, pero nosotros cazamos los peces mucho más rápido
-Ya ya. Como Desana y yo...¡nadie!
-Venga hermanitos, echemos una competición de pesca. Yo voy con Fabele. Y tú con Tarasa.
-De acuerdo, ¡hecho!
Tarasa no estaba muy de acuerdo, pero aceptó.
Al cabo de una hora, Fabele y Desana habían pescado dos montones; en cambio Tarasa y Daiane pescaron cinco.
-Como..¡no lo entiendo!
Y entonces Daiane, sin dar ninguna explicación, se fue y dejó a Fabele y Desana con la boca abierta.
-¿Por qué les dejamos así hermanito?
-No quiero discutir ni hablar con ellos...Tampoco me quisieron.
Tarasa asintió con la cabeza y continuó andando.
***
Después de muchos años... Daiane fue el ayudante del Gran Mago Sabio, y Tarasa estaba en el ejercito contra el mal, luchando por la paz, y curando a los heridos.
Los dos tenían el don de los poderes, y, sobre todo, el don de la amistad, amor y perdón.
Aunque su padre, y sus hermanos no le quisieron, Daiane les perdonó y siguió con su deber...
.:Moraleja: Aunque seas algo torpe, siempre se puede mejorar con esfuerzo:.

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